El río Tinto, una historia olvidada
















































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El Tinto es un río que en su lento discurrir hacia el mar conforma uno de los lugares más bellos y extraños del planeta. 

Sus tóxicas aguas rojas y el enorme empeño de la vida por colonizarlas, su historia y todos los cientos de vestigios y recuerdos del pasado que aún permanecen en la zona, lo hacen un paraíso para los amantes de la fotografía. 

Sus aguas tienen un pH muy ácido y un alto contenido en metales tóxicos, condiciones poco favorables al desarrollo de la vida. Sin embargo, desde antes de la aparición del ser humano viven en sus aguas microorganismos que se alimentan sólo de minerales y se adaptan a ese hábitat.

Estos seres vivos, llamados extremófilos por su adaptación a habitats extremos, son muy importantes para la ciencia que busca respuestas acerca del origen de la vida y su presencia en otros planetas. Por su similitud al ambiente que podría existir en Marte, el río fue elegido por la NASA para estudiarlo desde este punto de vista.

El río Tinto recorre la comarca minera de Huelva. Los orígenes de la tradición minera de la zona son muy antiguos aunque la verdadera explotación de sus minerales puede considerarse que comienzó a partir de 1873 cuando un consorcio británico compró las minas al Estado por 92 millones de pesetas y fundó la Rio Tinto Company Limited.

Toda la zona se convirtió de hecho en una colonia británica puesto que la compañía hizo y deshizo a su antojo y conveniencia, tanto en lo referido a los habitantes de la zona, que pasaron a depender totalmente de la compañía para sobrevivir, como al propio paisaje sobre el que la minería a cielo abierto produjo un gran impacto.

Se abrieron cortas de explotación y se levantaron montañas con los residuos, pero el mayor efecto mediambiental se produjo como consecuencia de la calcinación de minerales al aire libre en las llamadas "teleras".

Las teleras,  con sus emanaciones sulfurosas, producían una nube continua en el cielo llamada "manta" , con efectos devastadores sobre la salud de las personas.

Todo esto condujo al descontento de la gente que el día 4 de Febrero de 1888 se manifestó para protestar contra las teleras que en Gran Bretaña ya hacia tiempo que estaban prohibidas.

A la manifestación, que puede considerarse la primera manifestación medioambiental de la que se tiene noticia, asistieron miles de personas venidas de toda la zona.

Las autoridades españolas defendieron los intereses de la compañía enviando fuerzas desde Sevilla que abrieron fuego sobre los manifestantes produciendo más de 100 muertos. Sin embargo, la compañía logró que estos sucesos pasaran casi desapercibidos en la prensa de la época y aún siguen siendo desconocidos para la mayoría.

Estos hechos son recogidos en la novela "El corazón de la tierra" escrita por Juan Cobos Wilkins, y que fue llevada al cine en 2007 con el mismo título por el director andaluz Antonio Cuadri. Película totalmente recomendable para acercarnos a ese pasado nuestro no demasiado lejano.

Imposible no ver un cierto paralelismo con lo que está ocurriendo en la actualidad en muchos países no desarrollados.

Hay colonialismos políticos y hay otros económicos. La situación de la comarca minera de Huelva durante casi un siglo hace pensar en ese colonialismo sutil y económico de las multinacionales que en la actualidad  no contemplan derechos sindicales ni la debida protección del medio ambiente en países no desarrollados.